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Nueve días en el Triángulo de Oro de la Índia: Delhi, Agra y Jaipur

El país de los mil colores es la cuna de la cultura hindú, presente en muchos de sus templos repartidos a lo largo y ancho de la India como el de Karni Mata, Khajuraho o el Goldem Temple. Algunos de los más populares están al norte, en el Rajastán, donde se encuentra la ciudad rosada de Jaipur; y Udaipur, conocida por sus lagos. También en Jaysalmer, la ciudad dorada del desierto de Thar. Este es uno de sus vértices de su popular triángulo dorado. En Delhi encontramos la viveza de una de las ciudades más bulliciosas del país, llena de contrastes. En Agra, los viajeros se toman su tiempo para visitar y fotografiar elicono de la India: el Taj Mahal,el mausoleo más popular del mundo


Existen países que suscitan sentimientos contrapuestos, rincones que ejercen una potente fascinación sobre los viajeros pero que, a su vez, despiertan numerosos recelos. Uno de ellos es la India, un destino espectacular y extremadamente excitante, cuyo periplo requiere una planificación especial.


La Índia fue mi regalo personal para mi vigesimo cuarto cumpleaños. Fui un total de nueve días y la experiencia fue de lo más improvisado que había hecho hasta el momento (ya sabéis que no sé me da bien improvisar y en los viajes son un ávido calculador y planificador). Sabía lo que quería, sabía cuando, pero no sabía como ni donde.


Más allá de tener en cuenta los trámites burocráticos, el recorrido, el alojamiento o las visitas que uno desea hacer, la India exige una preparación mental adicional. Las diferencias culturales son abismales y sus costumbres suelen provocar un auténtico choque al turista occidental. Conocerlas de antemano y tenerlas en cuenta te ayudará, sin duda, a vivir mejor y disfrutar con más intensidad del viaje.


Cualquier español que desee viajar a la India por motivos turísticos, además de unpasaporte con una validez mínima de seis meses, precisa disponer de unvisado, el e-Tourist Visa. Se obtiene en 72 horas vía telemática y permite permanecer en el país un máximo de 60 días. Para ello precisas una foto y el pago de alrededor de 40 euros.


Por lo que respecta a cuestiones de salud, es preferible vacunarse contra la fiebre amarilla, mientras que resulta recomendable la vacuna de tétanos, difteria, tos ferina, sarampión, rubéola, parotiditis y hepatitis A. Es muchas páginas web afirman que es indispensable las vacunas para viajes a según que estados dentro de la Índia, yo personalmente, NO me vacuné. Rajastán y Utta Pradesh, los estados por los que me moví, son precisamente los dos más ricos y desarrollados, por lo que no corría los riesgos que corren otros viajeros al recorrer todo el país.


No juegues con fuego. La situación sanitaria del país es extremadamente delicada: India cuenta con un paupérrimo sistema sanitario. Los únicos hospitales de calidad se encuentran en la grandes ciudades, son privados y, por lo tanto, caros. Por ello, es muy aconsejable viajar con un seguro de viaje que cubra cualquier tipo de incidencia posible.


Ruidos de claxon, gritos, rugidos de motor, atascos circulatorios, gente y más gente... las primeras impresiones tras poner un pie en India resultan estresantes, o al menos así fueron mis sensaciones. La sensación de caos parece impreg narlo todo en un ir y venir constante al que uno acaba acostumbrándose. Cruzar la calle es toda una aventura que implica sortear vehículos (y esperar que ellos hagan lo mismo).



Calle acceso a una de las entradas de la fortificación


Necesitarás moverte por la ciudad. Los medios de transporte son incómodos, sucios y masificados. Mentalízate de que la mejor forma de conocerla es en moto-taxi o en rickshaw, los típicos carromatos que ya forman parte del paisaje. Son económicos, pero siguiendo la tónica habitual, lo más probable es que intenten cobrarte un precio desorbitado por sus servicios. No dejes timarte y regatea.


DÍAS 1 - 4 | DELHI, LA CAPITAL DEL CAOS


Llegué a Delhi tras una corta escala en Munich. El vuelo ya es toda una experiencia y una inmersión hacia la cultura hindú. Los olores, los ruídos al masticar, los chillidos de la gente (hablan chillando) y sobre todo, los olores ¿lo había dicho ya?


Los índios, igual que los chinos tienen una visión del espacio vital bastante diferente a la de occidente. Se pegan a tí, te tocan bastante, te empujan, te adelantan y se cuelan. Es algo que llevan ellos como sociedad intrínseco en su forma de vivir, así que no me quejaré y lo adoptaré como una manera de integrarme a ellos durante los próximos nueve días. Al fin y al cabo yo soy el forastero, soy el visitante. Debo adaptarme a su forma de vivir y de ser.


Mis primeros minutos en Delhi fueron... un caos. El taxista que había reservado para que me llevase al hotel se había perdido y tuve que ir a buscarle a otra terminal, porque él no podia llegar dado el tráfico.


Al poner un pie en el taxi, (recuerdo: taxi del hotel, hotel de cuatro estrellas), me di cuenta de que había una rata dentro. Sí, una rata mutando a caballo. Enorme, marrón, con una cola que parecía rapunzel. Pegué un grito y el taxista frenó en seco en medio de la autopista (allí todo vale). Abrió mi puerta, agarró la rata por la cola y la lanzó estrepitosamente hacia el arcén.


Suspiré.


Supongo que habría tenido que pensar mi destino mejor antes de adentrarme a algo tan diferente.


El tráfico es horrible, el ruido te peta los timpanes y la polución es de otro mundo. No hay ley en la caterreta, todo vale. Motos con cuatro ocupantes, coches con el maletero abierto lleno de gente...


Al llegar al hotel, me dijeron que mi habitación había sido cancelada porque una persona VIP había tenido un percance y le habían dado mi habitación, que casualmente era la última libre. Así que me recolocaron en otro hotel de la misma categoría y la misma cadena y me regalaron dos cenas en el hotel (que no aproveché porque estaría inmerso en excursiones por el país).


Podría afirmar que las primeras cuatro horas en la Índia me quería ir por patas.


El taxista me decía reiteradamente que estaba alojado en la mejor zona de la capital, una zona bastante lúgubre a mi parecer, con vacas merodeando por todos lados, algunas hasta parecían muertas, perros callejeros de miles en miles, gente en la calle en condiciones deplorables... en definitiva, esas primeras cuatro horas en la Índia me causaron un impacto enorme, que cambiaría el curso y el desarrollo del viaje.


Por suerte, pude alojarme en el nuevo hotel y descansar un poco. El hotel no era nada del otro mundo, de hecho, era bastante feo y estaba en malas condiciones, cosa que me cabreó muchísimo. No me importa estar en un lugar barato, pero para mí, la limpieza y la privacidad son indispensables. El baño daba a una ventana enorme que comunicaba con la calle, era un segundo piso, así que la gente de la calle podia verme tranquilamente, y no había cortinas ni nada. Tenia que entrar a la ducha vestido y cambiarme dentro. El baño estaba constantemente mojado, por la humedad, del techo caían goteras y la cama tenía arenilla (el techo estaba hecho con un estilo gotelé-indio muy antiguo) y el wi-fi era deplorable.


¿Qué visité? | Ocho lugares imprescindibles


1. Tumba de Humayun: La Tumba de Humayun, Patrimonio de la Humanidad y fuente de inspiración para la construcción del Taj Mahal, es nuestro lugar favoritoque visitar en Nueva Delhi.


Este gran ejemplo de arquitectura mogol está considerada la primera tumba-jardín y fue el lugar elegido para el reposo eterno del emperador Humayun.


Además de la tumba del emperador, en este complejo puedes encontrar otras tumbas menores como la del barbero y la de Isa Khan, mezquitas y otras construcciones, formando un espacio que transmite armonía y paz.


Cerca de esta tumba se encuentra los jardines Lodhi, uno de los pocos pulmones verdes de la ciudad y con varias tumbas interesantes, que también puedes visitar.


Horario de visita: todos los días de 7:00 a 17:00



Humayun


2. Fuerte Rojo: El Fuerte Rojo, llamado así por el color de la piedra arenisca con el que se construyó, es otro de loslugares que ver en Delhi más famosos.


Construido entre los años 1638 y 1648, este complejo impresiona por sus enormes murallas de más de 6 kilómetros de largo con una altura de más de 30 metros, en alguno de sus tramos, y por las dos impresionantes puertas de acceso, la de Delhi y la de Lahore.


El interior del fuerte decepciona un poco comparado con otros fuertes de la India como el de Amber, aunque sí que merece la pena entrar para ver una copia del trono de Salomón, los apartamentos imperiales y varios pabellones.


Horario de visita: todos los días de 9:30h a 16:30h



Un servidor posando ante la entrada del Fort


3. Mezquita Jama Masjid: Otra de las mejores cosas que hacer en Delhi es entrar en la Mequizta Jama Masjid, una de las más grandes e impresionantes de toda Asia.


Esta mezquita fue construida por el emperador Sha Jahan entre 1644 y 1656 sobre una pequeña colina, desde la que tienes buenas vistas de la parte vieja de la ciudad.


Al pasar el control de entrada, el acceso es gratuito si no llevas cámara de fotos, te quedarás impresionado por su gran patio que puede alojar hasta 25000 personas, los dos minaretes de 40 metros de altura y las 3 grandes puertas de entrada.


Horario de visita: todos los días de 7h a 12h y de 13:30h a 18:30h



Yo en la Mezquita a las 8 de la mañana


4. Gurdwara Bangla Sahib: Gurudwara Bangla Sahib, el principal templo Sij de la ciudad, es otro de los lugares que ver en Nueva Delhi más auténticos y que dejan más huella.


Este templo construido en mármol, en el que destaca una cúpula dorada y una piscina sagrada, te permite conocer y acercarte un poco más a las costumbres de los practicantes de la religión Sij. Esta religión, que surgió en India en el 1500 durante el conflicto entre el hinduismo y el islam, es la novena con más creyentes del mundo.


Al entrar de forma gratuita en el templo, siempre cumpliendo las normas de vestimenta y de respeto, te encontrarás una gran sala en la que puedes sentarte en el suelo para escuchar los rezos-cánticos que entonan varios sijs y sumergirte en el mágico ambiente.



Vista frontal del Gurdawara





5. Main Bazaar: Recorrer la calle Main Bazaar, situada en el barrio mochilero de Paharganj, es otra de las mejores cosas que hacer en Nueva Delhi.


Esta caótica calle en el que se mezclan grandes cantidades de gente con rickshaws y tuk tuks, tiendas que venden todo tipo de artículos, puestos callejeros, hostales baratos y terrazas para cenar una buena comida india o occidental a un precio razonable, es uno de los lugares favoritos para los viajeros que recorren India o el sudeste asiático.


Desde esta calle más grande salen las callejuelas más estrechas de este barrio en el que se puede conocer la autentica esencia de la ciudad.


Para mi esta calle fue el primer contacto con India al estar cerca del hotel y aunque es impactante el contraste con occidente, creo que es un buen lugar para empezar a aclimatarte a este singular país.



Bazar de las especies


Entra al mercado, todo un caos



6. Chandni Chowk: Perderse por Chandni Chowk, el mercado más antiguo y con más movimiento de la ciudad, es otra de lascosas que hacer en Delhi imprescindibles.


Situado cerca del Fuerte Rojo, las calles estrechas de este mercado se llenan de gente y vehículos de todo tipo, hasta resultar complicado ver las típicas tiendas de frutos secos y especias, sin agobiarte.


Si terminas encontrado el encanto al caos organizado, a los olores intensos, a los atascos y al ruido de este barrio, puedes estar convencido que disfrutarás de un viaje por la India más auténtica.





7. Akshardham: Uno de los templos más espectaculares (y más nuevos, también) de todo el país. Se ubica en el exterior de la capital y es el más grande y opulento (y mi favorito). También conocido comoDelhi Akshardhamo Swaminarayan Akshardham, el complejo muestra milenios de cultura tradicional, espiritualidad, y arquitecturahindúeIndia.


El edificio central fue inspirado y desarrollado por Pramukh Swami Maharaj, el jefe espiritual de la Bochasanwasi Shri Akshar Purushottam Swaminarayan Sanstha, cuyos 3.000 voluntarios ayudaron a 7.000artesanosen la construcción de Akshardham.


El monumento principal, ubicado en el centro del complejo, tiene unas dimensiones de 43 m de alto, 96 m de ancho y 110 m de largo,​ y está tallado de arriba a abajo con detalles de flora, fauna, bailarines, músicos y deidades.


Diseñado de acuerdo con el texto védico antiguo que se conoce como el Sthapatya Shastra, que cuenta con una mezcla de estilos arquitectónicos de toda la India. Está construido enteramente de piedra arenisca de color rosa rajasthaní y mármol de Carrara italiano, y no tiene soporte de acero o de hormigón.​ El monumento también consiste en 234 columnas finamente talladas, nueve cúpulas, y 20.000 murtis y estatuas de los sadhus del hinduismo, los devotos y acharyas.​ El monumento también cuenta con la médula Gajendra en su base, un pedestal para rendir homenaje a los elefantes por su importancia en la cultura hindú y la historia de la India. Contiene 148 elefantes a tamaño escala en total y pesa un total de 3000 toneladas.



Vista exterior del gran templo


8. Connaught Place y Rajpath: No muy lejos del Main Bazaar, se encuentra una zona más occidental que gira alrededor de la Plaza de Connaught, construida durante la ocupación británica.


Esta plaza circular con una bonita arquitectura colonial victoriana, es uno de los mayores centros financieros y comercialesque ver en Nueva Delhi.


La plaza está formada por un circulo exterior en el que se encuentran tiendas, restaurantes y hoteles, un parque central y una circulo central con oficinas y más restaurantes.


Otra zona menos caótica que visitar en Delhi es la Rajpath, la avenida más grande de la ciudad donde se encuentran los edificios del gobierno y la gran Puerta de India, que rinde homenaje a los soldados indios que murieron en la Primera Guerra Mundial.



India Gate



¿Cómo me desplacé?


El transporte público es algo casi imposible y los taxis suelen recurrir al timo para sacarse un dinero extra, así que como de costumbre, fui a lo seguro y cómodo.


Reservé todas mis excursiones mediante GetYourGuide (www.getyourguide.com), a buen precio. Día entero (10h), con coche y chófer, guía y entradas a los monumentos seleccionados por 55€


Gracias a estos precios y a la eficacia de los guías (realmente recomendados) pude visitar todos los lugares que he mencionado con anterioridad en tres días.


No os recomiendo ir en transporte público y mucho menos todavía alquilar motos o coche. El tráfico es peor que el de Indonesia o Vietnam. Es algo sacado del mismísimo infierno.


Cada día hacía un tour distinto y me llevaban a lugares distintos, me solían recoger sobre las 9-10 de la mañana y no regresaba al hotel hasta las 21h.


El último día en Delhi lo aproveché para ir a Agra con la misma agencia (Get Your Guide), levantándome a las 4 de la madrugada para estar a las 9 de la mañana allí.


Comer y no morir de cagaleras


Conocida por su abundante uso de las especias, la cocina india parece que no da respiro a los que quieren un viaje sin tanta pasión en las papilas gustativas. Comer sin picante en India es posible, no solo porque haya restaurantes de todo el mundo, sino también porque la propia gastronomía india tiene sus recetas más suaves. Te cuento mis secretos para que no te arda el paladar.


Viajar a India y acostumbrarse a las especias indias es un proceso. Aunque no lo creas, el paladar se va haciendo al hecho de que la comida además de sabores produce reacciones táctiles. En efecto, el picante no es un sabor en sí mismo, sino un efecto de ciertos ingredientes y condimentos que se usan por sus cualidades gustativas o saludables, pero también por la capacidad de despertar en la boca unas sensaciones únicas.


Debo avisaros de que soy un "hater" del picante, la verdad es que no lo tolero nada y cuando decidí viajar a la Índia, mi mayor preocupación era la comida. Sin embargo, descubrí otra forma, que desconocía, de encarar el picante.



Mercado de las Espécies


Antes que nada, aprende la frase en inglés “no spicy”, o incluso en hindi “mirchi nají”. Es necesario repetirla siempre al pedir en cualquier restaurante de India para indicar que no queremos picante. La mayoría de platos tienen un toque de pimienta roja en polvo, guindilla seca o chile verde fresco que es todavía más potente. Si no se añaden, los sabores especiados pierden ese efecto irritante y la cocina indiadesvela todos sus matices.


Si te gustan los arroces, debes elegir los pulaos en lugar de los biryanis. Tienen muchos elementos en común, pero el pulao se cocina sin especias. Tienes una amplia variedad, desde las notas dulzonas del pulao de Cachemira, que se cocina con pasas y anacardos, hasta el delicioso pulao de pollo con un toque de cúrcuma para darle color.


Otro imprescindible son las pakoras, un rebozado de verduras o queso fresco realizado con harina de garbanzos con una pizca de especias para darle sabor pero que no incluye guindilla. Es un aperitivo perfecto que gusta a todo el mundo.


Entre los platos cocinados en el horno tandori, debes probar uno de los platos más conocidos de India: el pollo tandori. Con todo, a veces el marinado de este plato puede tener pimienta roja en polvo, por ello, hay otras dos recetas indias muy similares que te van a encantar. Se trata del pollo a la afgana y el murg malai tikka, que se hacen con un marinado más cremoso y tienen un ligero sabor de ajo.



Uno de los platos que más me gustó


No puedo terminar sin recomendarte algún curry, porque uno no puede irse de India sin probarlos. Entre los vegetarianos en India no te pierdas el malai kofta, hecho con patata y queso fresco en una salsa de frutos secos. Entre los no vegetarianos, debes probar la receta panjabi por antonomasia: el pollo a la mantequilla.


Para concluir, me veo con la obligación imperiosa de transmitiros mi rechazo absoluto a la comida callejera. No comáis si no queréis terminar en el hospital. Intentad ir a restaurantes preparados para occidentales, que sirvan comida local, pero que estén familiarizados con los gustos europeos.


Consejos para no morir en Delhi


No pierdas jamás la paciencia. A menudo odiarás el país, querrás teletransportarte a casa y decidirás que las próximas vacaciones serán en Benidorm. India es exigente, te pondrá a prueba y te llevará a tus límites.


Escanea tus documentos(pasaporte, seguro de viaje, reservas…) y súbelos a drive o envíatelos por email. Si pierdes los originales (tocamos madera), al menos tendrás una copia siempre accesible.


Abre la mente: la inmensa mayoría de  indios son personas encantadoras y te mostrarán cual es la verdadera hospitalidad. Sin embargo hay muchos buscavidas que intentarán engañarte: lo más típico es sugerirte alguna agencia de viajes donde sacan comisión o decirte que algún templo esta cerrado para llevarte donde ellos quieren. Si ves que son muy insistentes, desconfía.


Venga, hablemos de los timos. ¡Si pueden, te la cuelan! Pero en cosas pequeñas (te venden un billete de tren más caro, te piden más dinero de lo normal por un tuk tuk), nunca te van a atracar ni forzar. ¿Cómo evitarlo? Informándote y no confíes en los extraños que quieren ayudarte a toda costa. ¡Ojo en la zona de Connaught Place en Nueva Delhi!


Hay 3 cosas que recomiendo llevar sí o sí a India: un sarong, pareo o toalla (ya sabes a lo que me refiero), para utilizarlo como manta en los trenes o para cubrirte hombros/cabeza en los templos, tapones para los oídos (India es un país muy ruidoso) y un botiquín básico (donde no falte el fortasec).


DÍA 5 | AGRA: VISITA AL TAJ MAHAL


Fue con el mismo proveedor de excursiones (Get Your Guide) que contraté la excursión más deseada y el mayor hito del viaje: un día admirando el Taj Mahal.


La excursión era perfecta, aunque cara, reunía todo lo que necesitaba. Me costó 140€, incluía coche con chófer y guía, desayuno, almuerzo, entrada al Taj Mahal, cinco fotografías profesionales de recuerdo y la visita al fuerte de Agra y a la ciudad. Y lo mejor: era privado. Estaría yo a solas con el guía que hablaba un español de película. ¡Desde Barcelona, gracias Amir!


Aunque todo pareciera de cuento de hadas, el día iba a ser duro. Amir me recogió en la puerta de mi hotel en Nueva Delhi a las 4 de la madrugada, por lo que tuve que levantarme a las 3:15h para ducharme y preparar la mochila para pasar el día. Alrededor de cuatro horas separan ambas ciudades, así que para evitar atascos y masificaciones inoportunas en el Taj Mahal, la excursión empieza a esta hora.



Camino al Taj Mahal, 5:15 AM


Por el camino, dejando Delhi atrás, pude darme cuenta de que la ciudad no descansa ni un segundo. A las cuatro de la madrugada todavía hay vendedores ambulantes por todos lados, las vacas siguen merodeando por las calles, los niños pequeños (muchos de ellos huérfanos y sin nadie de quién poder depender) siguen jugando por las calles buscando comida. Sigue habiendo tráfico. Siguen ciertas tiendas abiertas. India es un país que no parece de este mundo. Todo es tan diferente... es abrumador. Empezando por los animales, las vacas, que son sagradas y a las cuales debes mostrar tu mayor respeto, debes cederles el paso y alimentarlas.


A medio camino nos paramos en una estación de servicio hiper concurrida para que tanto el chofer como el guía pudiesen desayunar. A mí me ofrecieron un café y unas pastas tradicionales indias que traía Amir desde la oficina de la agencia.


Allí tuve miedo. Estaba todo oscuro, no había luz. La única luz que había era la de los coches cuando alumbraban el chiringuito. Estaba a petar de gente, todos chillaban, algunos parecían borrachos. Me dijo Amir que la mayoría eran camioneros de transporte que paraban para descansar. Había muchísimos en el suelo. Estirados. Parecían muertos. Me dijo que como no hay hoteles ni alojamientos, se tumban en el suelo de la estación de servicio (como si fuera una gasolinera) y ahí descansan.


Tras casi tres horas de viaje, llegamos a la tan esperada maravilla del mundo. Estaba amaneciendo, eran casi las siete y media de la mañana. Fuimos directamente al Taj Mahal.


Antes que nada... debo informaros de que el Taj Mahal NO es un templo... ni una mezquita... ¿qué es?


El Taj Mahal es un mausoleo ubicado en la India, en la ciudad de Agra. Un monumento emblemático de este país, es en mármol blanco finamente cincelado. Fue construido entre 1631 y 1653 bajo el mando de Shah Jahan para albergar la tumba de su esposa, Mumtaz Mahal, quien murió en el parto durante el parto de su decimocuarto hijo. Mumtaz Mahal también fue llamado Arjumand Bano Begum. El Taj Mahal es una maravilla de la arquitectura mogol, en la encrucijada de los estilos islámico, iraní, persa e indio.


No hay nada más profundo para cualquier viajero que sentarse en uno de los bancos que hay por todo el Jardín del Paraíso y admirar la silueta del impresionante Mausoleo recortada sobre un cielo limpio.



Yo ante la majestuosidad del Taj Mahal


Cielo que poco a poco se tiñe de rosa azulado al empezar el día. De fondo, en las afueras del Templo, en la ciudad, en Agra (una pequeña localidad situada al norte de la India, en el Estado de Uttar Pradesh) pude oir los cánticos y sus oraciones.


Y así, mientras admiraba la soberbia perfección de todo el conjunto: su simetría, los estanques que, como una llave dorada y perfecta, abren el camino hacia el templo de mármol, entre flores de loto que flotan sobre sus aguas, mi mente vagaba absorta, solitaria, olvidada de tanto turista que me rodea, y rememoro casi con lágrimas en los ojos la triste historia del emperador Sha Jahan.


Sha Jahan conoció a su amada Arjumand en un bazar donde ésta vendía cristales. Admirado por su belleza no fue capaz de dirigirle la palabra en un primer momento. Perseguidos por los ejércitos de su padre el Emperador, y por culpa de esa relación, tras dos esposas y cinco años desde aquel primer encuentro, se unieron en matrimonio. Arjumand pasó a ser conocida como Mumtaz Mahal, “la elegida del palacio”.


El gran amor que sentían el uno por el otro era conocido por todos, una pareja enamorada que se desvivía, ella apoyándolo en sus campañas y él colmándola con todo tipo de regalos, desde las flores más hermosas a diamantes. En el momento en el que el emperador Jehangir falleció, fue el turno de Sha Jahan de ocupar el trono pero nadie se esperaba el desenlace. Sólo dos años más tarde, en 1630, ocurrió lo que nadie imaginaba…


El recién emperador se encontraba en Burhanpur, en una campaña militar, cuando le llegaron noticias de que su esposa teniendo complicaciones en el 13º parto. Sha Jahan no se lo pensó dos veces y, desesperado y con una angustia que le paraba el corazón, regresó al lado de su mujer para poder pasar sus últimos instantes junto a ella, sostuvo su mano con delicadeza entre las suyas y pronunció el adiós más amargo de su vida.


El emperador ya no volvió a ser el mismo. Se recluyó en el Fuerte Rojo, en la orilla izquierda del río Yamuna, y allí pasó, encerrado por su hijo, los últimos años de su vida, abandonando el Imperio en manos de sus sucesores. Frente al Fuerte, visible desde todas sus ventanas y al otro lado del río, mandó construir el más impresionante Mausoleo que jamás mente humana pudiera concebir.


Los mejores constructores, los mejores obreros, las mejores joyas, las mejores piedras... Todo era poco para el lugar de reposo de su amada; incluso, se desvió el Yamuna para que el Taj Mahal pudiera reflejarse en sus aguas. Y allí, tras dos décadas de construcción, en el 1648, fue enterrada su amada Mumtaz Mahal. Junto a ella, fue enterrado años después el propio emperador para que reposaran siempre juntos, eternamente.


Despacio, triste por un lado, impresionado por el otro, alegre por cumplir el sueño de cualquier viajero, paseé por sus jardines, tan simétricos, tan coloridos, tan naturales. Como si de un manjar se tratara, dejé para el final aquella obra de arte. Y allí, tras subir los primeros escalones de acceso, ya de cerca, el Mausoleose hizo más inmenso, más impresionante. Algo que te atrae, una fuerza que te lleva a querer tocar con tu propia mano el mármol y descubrir que no es un sueño ni un espejismo.





Sobrecogido admiré las muchas joyas que se encuentran incrustadas en su fachada: lapislázuli, jaspe, malaquitas, turquesas, cornalinas… En su interior, desgraciadamente, la verdadera cámara donde yacen ambos, no es visitable; sólo se pude visitar una primera cámara funeraria, muy grande, con cristaleras que juegan con los colores de los rayos de sol que por ella entran.


Además de una historia de amor que jamás tendrá fin, el Taj Mahal está lleno de curiosidades que son imprescindibles conocer para realmente ver este lugar. Muchísimas veces nos dejamos llevar por la grandiosidad de una imagen, por la belleza sin parangón de un monumento como éste, pero la realidad es que también tiene una historia algo controvertida que te permitirá completar la imagen de este lugar. No le restará belleza, pero si una buena dosis de realidad.


El Taj Mahal significa «Corona de los palacios» y, en este caso, se trata de un monumento funerario para su esposa favorita Arjumand Banu Begum (Mumtaz Mahal). Tuvo otras dos esposas más, como era costumbre en aquel momento.


¿Sabías que para construir un monumento tan majestuoso como el Taj Mahal se necesitó el trabajo de más de 20.000 hombres y de 1.000 elefantes?


Los arquitectos más importantes del imperio participaron en su construcción. Se dice que, una vez finalizado el trabajo, mandaron cortar sus manos para que nunca pudieran volver a diseñar una construcción parecida en ningún lugar. Otras historias cuentan que el emperador también mandó dejarles ciegos pero ¿Será leyenda o verdad?


Tras cuatro horas de visita en el Taj Mahal, pusimos rumbo hacia la ciudad de Agra, en la que Amir me enseñó el fuerte, muy similar al de Delhi pero más recargado ornamentalmente. Tras la visita, me llevaron hacia un restaurante con una terraza en la cual se podia divisar el Taj Mahal en la lejanía, la cúpula blanquecina brillante y los minaretes. Toda una belleza.



En el tour también incluía una visita al Baby Taj, el pequeño Taj Mahal que fue usado para dar supultura a los familiares de Mumtaz.

Tras siete horas de un insaciable tour, pusimos rumbo de vuelta a la capital. Me impactó muchísimo Agra, una ciudad que aguarda uno de los mayores tesoros arquitectónicos del mundo y sin embargo, la ciudad está sometida en un caos higiénico y social abrumador. La suciedad se palpa hasta en los rayos de sol. Todo está derruido. Parecía como si una guerra hubiese asolado la ciudad.


DÍA 6 | 1ª CLASE A BORDO DEL INDIAN EXPRESS


Viajar en los trenes de India es una experiencia sin la cual un viaje al país… no puede considerarse completo del todo. Aún si el aspecto sociológico que rodea a este medio de transporte no os interesa demasiado, el tren es la mejor forma de desplazarse por el vasto territorio de este gigante del sur de Asia.


Para mi jornada a bordo de un tren indio, dejé el hotel y me dispuse a buscar un tuk-tuk fiable que me llevara a la estación de trenes de Delhi sin morir en el intento. Y de hecho... pensé en más de tres ocasiones que ibamos a colisionar.


Herencia de la época colonial británica, India cuenta con una extensa y compleja red ferroviaria que comunica prácticamente todos los puntos del país de forma relativamente rápida, segura y sobre todo muy económica, especialmente si nos decantamos por los billetes en clases más sencillas.


Aunque los retrasos son frecuentes, tienes que ser puntual, porque si el tren sale a la hora no te va a esperar. Mira bien el número del vagón que te toca para encontrarlo rápidamente cuando llegue el tren, ya que hará una parada relativamente corta.


La estación de Delhi, además de estar sucia y de carecer de indicaciones y facilidades, es un caos (¡como no!). Así que os recomiendo encarecidísimamente ir con antelación suficiente. Las aglomeraciones son muy normales y la gente no se está con miramientos y te empujará si hace falta.


Verás a gente durmiendo en el suelo, meando en las vías del tren y gente subida en los techos de los trenes, verás monos correteando por la estación, partes del techo den andén cedidas que dificultan el acceso a los trenes, vacas intentando entrar en los bares de la estación y hasta gallinas correteando por allí. Es un auténtico caos.


Otra cosa importante es que, durante el viaje en el tren, no se anuncian las estaciones. Los nombres suelen estar escritos en hindi o en alguna otra lengua local, en cualquier caso, no en nuestro alfabeto. Te conviene saber la hora aproximada de llegada para no pasarte tu parada.


Según en qué clase viajes, la comida estará incluida, o no. En cualquier caso, no hay de qué preocuparse. En cada parada subirán vendedores ofreciendo té a la dulce llamada de «Chai Chai Chai» y todo tipo de aperitivos. No se te puede olvidar el papel higiénico y, bueno, los servicios de los trenes indios no serán los más limpios que hayas visto en tu vida... ¡No te vendrá mal una buena ducha al llegar al destino!



Vagón de tercera clase. Este tren se dirigía a Udaipur, una ciudad ubicada a 12h de recorrido, en estas condiciones...

Y, por supuesto, guarda la mochila siempre muy cerca de ti, ciérrala con un candado y asegúrala al asiento con una cadena. Toda precaución es poca.


Las condiciones de los trenes en la Índia son deplorables, es por este motivo que te recomiendo encarecidamente comprar un billete en primera clase, que, a parte de ser económico, es el más cómodo y en el que gozarás de mayor privacidad.



Tren con destino Agra. Estaba yéndose, por lo que los pasajeros, muchos de ellos, iban colgados de las paredes y de la carrocería del propio tren durante todo el recorrido (aproximadamente 3h)

En mi caso, viajar en primera clase te garantiza una cama (litera) con sábanas y almohada, un compartimento de hasta cuatro personas con ventana, aire acondicionado, caja fuerte, armario y baño propio (en malas condiciones, pero al menos con baño). Durante mi trayecto Delhi-Jaipur, el cual duró aproximadamente cinco horas solo sirvieron unos snacks y bebidas frías. No hubo servicio de comida propiamente dicho y tenías que ir tu a la "oficinilla" de los tripulantes para pedirles cosas. Lo que sí me dieron al embarcar fue una botella de agua natural y un antifaz.



Dentro de mi cabina de primera clase. Trayecto Delhi-Jaipur


¿Cómo reservar un billete?


Como yo lo hice, reservé una semana antes de partir de Delhi a Jaipur mediante la app 12Go Asia. Me la recomendaron los amigos que hice en Malasia, unos expertos en la Índia y no me defraudó. La app es segura, rápida y muy intuitiva, te envia el billete inmediatamente y no te cobran recargos ni historias.


Al llegar a la estación de Delhi, tienes que validarlo en los mostradores, los agentes te los sellan y te medio indicarán por donde es. ¡En la estación de Delhi hay sesenta y tres plataformas!



DÍAS 7 - 9 | JAIPUR, EL PARAÍSO ROSA


Llegué a Jaipur y no había nada de rosa. Me decepcionó. De hecho, era todo negro. Era de noche, así que me excusé en que estaba cansado de tanto trote y rebajé mi ego.


Jaipur fue una experiencia casi rejuvenecedora tras la semi-pesadilla de Delhi. No es que lo hubiese pasado mal ni que fuera una ciudad fea, pero Delhi es el caos en la tierra, es el antagonista de Europa, de la civilización, de la limpieza y el órden. He vivido en China y sé lo que es vivir bajo un país sometido a una cultura y a un hacer totalmente distinto al de mi zona de confort, pero Delhi es ir para creerlo.


Jaipur sigue siendo India, así que no se libra del tráfico, del ruído ni del caso, pero al menos está más bonito todo, mejor puesto y la gente es más agradable. Es una ciudad mucho más pequeña que Delhi y aprecian más al forastero.


Si hay una ciudad que representa a la perfección el auge y la caída de los maharajás de la India esa es Jaipur.


Coqueta como ninguna pero al mismo tiempo, gigantesca y caótica, la 'ciudad rosa' es la gallina de los huevos de oro de Rajastán, la principal referencia turística y una ciudad, a veces, demasiado embellecida por los folletos turísticos.



Calle de Jaipur, cerca de mi hotel


Aún así, Jaipur rezuma fastuosidad y pobreza a un ritmo vertiginoso. Quizá la causa sea que su fundador llegó al poder con 11 años y, por eso, Jaipur mantiene un perfecto equilibro entre la magia y la ciencia, la realidad y lo imaginado.


Un observatorio astronómico, una de las mayores y más lujosas mansiones del país, una ciudad arquitectónicamente perfecta y estéticamente bella, y un cine de colores chicle transmiten la sensación de que aquellos caprichos de un joven emperador se convirtieron con el tiempo en la referencia de una región y un país. Pero eso lo veremos más adelante.



Una de las entradas al recinto histórico


Vista con los ojos de la época, más que una ciudad, Jaipur fue un auténtico escenario donde plasmar los cuentos de hadas que le contaban en palacio a aquél infante, Jai Singh II.


Antes de ser una realidad, fue un sueño en la mente de un niño inquieto que al llegar al poder, a finales del siglo XVIII, desde su morada en Amber donde vislumbró su capricho color de rosa, a diez kilómetros en elefante.


En parte, por su infantil agudeza creativa y en parte, empujado ante la falta de agua y la necesidad de expansión de una población que le obligó a buscar tierras mejores donde desarrollar sus fantasías y darle estabilidad a sus habitantes.


Hoy, la 'ciudad de Jai' tiene más de dos millones de habitantes y un patrimonio envidiable.


Además de guerrero, Jai Singh II era inquieto. Le encantaba la ciencia y aplicarla a la vida cotidiana. Por eso hizo construir el primer observatorio astronómico en el mundo, de nombre Jantar Mantar (instrumento de cálculo), donde se medía el tiempo y la posición de las estrellas, una información fundamental para las cosechas o planear casamientos.


Me tomé los días en la colorida Jaipur como un retiro espiritual y gastronómico. En Delhi había comido bien, pero me advertieron de las delicias que ponen sobre la mesa en Rajastán, así que no dudé ningún día en ir a desayunar, almorzar o cenar con la barriga vacía para poder engullir bien.


En Jaipur me alojé en lujoso Alsisar Haveli. Un palacete hindú perteneciente a una antigua familia de nobles relacionados con la familia real de Rajastán. El palacio se vendió a un fondo de inversión privado a finales de los 80 y estuvo siendo usado durante 18 años como museo de la aristocracia de Jaipur hasta que en el 2001 abrió como hotel boutique y resort urbano. Todo un remanso de paz y tranquilidad, y el restaurante es excelente.



Piscina del hotel. Unas instalaciones rozando lo idílico. El servicio exquisito.


Jaipur te sorprenderá, igual que lo hizo conmigo, pero es lo que todo el mundo dice y advierte, es un diamante sostenido en unas manos sucias y roñosas. Salí del hotel con la idea preconcebida de que el Palacio de los Vientos, también conocido como Hawa Mahal y la joya de la corona de la ciudad, se encontraría rodeado de hermosos jardines donde sentarnos tranquilamente y sacar fotos pero no, una vez más, me equivoqué. Frente al Palacio discurre una de las avenidas que soporta más tráfico en toda la ciudad de Jaipur. Dos carriles en cada sentido por donde transitan coches, camellos y algún elefante.


También los coches aparcados en doble fila entorpecen el tránsito normal de la vía y el aire se hace difícilmente respirable debido a la polución de tanto vehículo. Este escenario se repite una y otra vez en los distintos parajes y lugares emblemáticos, no solo de la ciudad sino que también del país entero. India es un sinfín de aventuras y emociones cubiertas de polvo y desorden.


¿Qué visité? | Seis lugares imprescindibles


1. El Palacio de los Vientos: No nos engañemos. Si venimos a Jaipur es porque todos nos hemos enamorado de una imagen extraordinaria de un lugar que dudamos si es realidad o fantasía. La fachada del Hawa Mahal con cerca de mil pequeñas ventanas nació como una extravagante necesidad de ampliar el harén de palacio en 1799 por parte del Sawai Pratap Singh que le encargó el diseño a Lal Chand Usta. De esa forma las muchas mujeres del Maharajá podían observar a la calle sin ser vistas.


Arquitectónica y religiosamente representa la cresta de un pavo real, algo que también tiene que ver con la iconografía de Khrisna, pero para el mundo es una píldora para soñar con las mil y una noches. Fotogenia pura, contrasta con una calle a la que se asoma que está llena de tráfico, claxons a todas horas y vacas en la mediana tratando inocentemente de descansar. Pero así es la India, capaz de enseñarte un anillo de diamantes en unos dedos sucios y con las uñas mordidas. Esa es su cara y esa es su cruz.



Yo posando delante del Palacio de los Vientos


2. Jantar Mantar: La gran pasión de Jai Singh II estaba entre destinada a grandes disciplinas de la ciencia como, por ejemplo, las matemáticas o la astronomía. Esta última le hacía estar más tiempo mirando las estrellas y buscando nuevos planetas que ideó la creación de un gigantesco observatorio astronómico (Jantar Mantar) con el que estudiar los astros y satisfacer su conocimiento. Mandó erigir varios de ellos en todo el país (los hay en Delhi o Mathura, también en Benarés) pero sin duda el de Jaipur es el más grande y mejor conservado no sólo de India sino de todo el continente asiático.


Está repleto de inventos en los que soprenden su modernísima precisión, algo puntero en pleno siglo XVIII. Sin duda ésta es una de las visitas más interesantes que se pueden hacer en la ciudad.



El ridículamente increíble observatorio privado del Rey


3. La residencia del Maharajá: Entre Jantar Mantar y la fachada del harén se encuentra el que fuera (y es) el Palacio del Maharajá. Se pueden recorrer distintos pabellones (el de recepciones, un inmenso guardarropa…) y ver las extravagancias de distintos jefes rajputs como quien para viajar a Londres a visitar a la Reina llevó consigo las más grandes urnas de plata que se conocen para transportar agua del río Ganges. Cuentan, por cierto, que este Maharajá era tan extraño que no podía ser tocado por ningún foráneo y que quemaba la ropa que se ponía en las recepciones oficiales.



Palacio del Maharaja


4. Mercadillos de la ciudad: Si logramos que no nos atropelle un rickshaw, una vaca o tenemos la fortuna de salvarnos de una intoxicación por humo del tubo de escape lo mejor que podemos hacer es pasearnos por Badi Chaupar, la Gran Plaza y Tripolia Bazaar, la avenida principal que cruza la ciudad vieja para pasearse por los puestos callejeros que conservan su modus operandi tradicional. Nada de tiendas de souvenirs sino que es un bazar de los de siempre, en los que se vende lo que la gente de Jaipur requiere para su vida diaria. Esto, a pesar de que haya turismo circundante durante cualquier época del año, le regala un toque de intensa autenticidad que se agradece.





5. El Fuerte de Amber: El Amber Fort es una de las mejores fortalezas sobre montañas o cimas de colinas de toda la India. En los exteriores del complejo, sobre las colinas escarpadas surgen puertas, templos imponentes, enormes salones adornados, palacios, pabellones, jardines y hasta una rampa que te lleva a la cima de la colina palacio donde para subir por ella, hay que subirse a un elefante, … sí elefantes bellamente enjaezados que suben y bajan a los visitantes hasta lo alto del Fuerte. Yo en mi caso rechacé subirme a un elefante por principios, así que el guía que me acompañaba me subió en coche.


Este palacio-fortaleza, cuenta con un impresionante Palacio Real, que permanece perfectamente custodiado por murallasque hacían su acceso casi imposible. El interior del Fuerte de Amber, nos ofrece una serie de lugares a tener en cuenta , a través de los cuales podremosadentrarnos en la idea original de este bastióny de la vida que discurría en su interior.


Son centenares de puertas, pasillos, templos, cámaras y patios los que me trasladaron a la Índia imperial del siglo XVII. Todo ornamentado al máximo detalle sin dejar el color rosa pálido de lado, tan característico de la ciudad.



Amber Fort


6. Chand Baori: No os mentiré, una de las razones principales por las que quería visitar la India era para ver en persona Chand Baori, el pozo de los mil escalones.


¿Por qué tantas ansias por ver Chand Baori? ¿Y qué es? Pues aquí os explicaré la importancia de este lugar, tan famoso en el cine (The Fall, Batman, etc…) como en la imaginación.


Hace mucho tiempo vi una película un peliculón que se llama The Fall: El sueño de Alexandria. Es una película de aventuras, al más puro estilo de la Liga de los Hombres Extraordinarios, con una intensidad tremenda y una imagen preciosa. La historia, los colores, la fotografía….todo merece la pena.


Y ya desde que la vi por primera vez (allá por el año 2007) hubo una escena que me impactó. La de unos soldados subiendo y bajando una escaleras simétricas que parecía un juego de espejos. Pero no.


El complejo de Chand Baori lo comprende el pozo al que hacemos mención del año 800 d. C. Se dice que lo mandó construir el raja Chandra (Chand), de los Chahamana.

El pozo de Chand Baori cuenta con 3500 escalones en 13 niveles y alcanza una profundidad de 20 metros.


La entrada a Chand Baori es gratuita. Si alguien se acerca a pediros dinero (que probablemente la gente lo hará en cuanto os vea esa cara de guiris) simplementerechazadlo amablemente y continuad.


Siempre podréis aportar donaciones dentro, pero ojo dónde van.También hay gente que se ofrece como guías, y podréis darles una propina al final. Ahí ya vosotros, la verdad es quenosotros nos lo estudiamos por nuestra cuenta. Sinceramente los «guías» suelen dejar bastaaaante que desear.


Chand Baori es un lugar pequeño, no es más que el pozo de los mil escalones y un templo que lo sobresale al que no se puede entrar. En veinte minutos tenéis todo visto. Ah, y lo de los mil escalones, es un decir, no hace falta que os pongáis a contarlos.


Sin duda es una visita rápida y súper necesaria. La simetría con la que está diseñado el complejo es apabullante. Simplemente merece ser admirado.



Chand Baori

¿Cómo me desplacé?


Como he dicho anteriormente, durante todo mi viaje en la Índia estuve escoltado por un guía local. Así que en Jaipur también lo hice. Reservé vía Get Your Guide dos actividades distintas para dos días distintos. El primer día y el más ajetreado, fue el de las visitas culturales más alejadas, los palacios, el depósito de agua, visité también un santuario de elefantes y la ciudad antigua junto con varias residencias reales, otros templos y mercados.


El segundo día reservé un tour fotográfico por la ciudad, donde me llevaron por las calles más extravagantes y coloridas, las paredes y fachadas más artísticas y los lugares más emblemáticos, vistos desde otra perspectiva menos conocida.


Todos las excursiones las reservé mediante el proveedor anteriormente mencionado y en todas incluída chófer/guía y entradas en todos los sitios.




 

Al día siguiente y tras tres intensos días de cultura y de submarinismo folklórico en Rajastán, puse rumbo de nuevo a Delhi (esta vez, en avión) para volver a Barcelona haciendo escala en Qatar. El vuelo Jaipur-Delhi dura alrededor de una hora y hay muchísimas conexiones diarias. Es una forma rápida y cómoda (y no muy cara, unos 40€ el vuelo) de conectar con ambas ciudades.


 

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